El mercado del espárrago en México atraviesa una etapa de transformación impulsada por factores como el incremento de los costes de producción, la escasez de agua y la necesidad de mejorar los rendimientos. En este contexto, las semillas híbridas especialmente las variedades 100% masculinas están ganando protagonismo frente a las tradicionales de polinización abierta.
Según explica Jan de Lange, director general de Inversiones Nedmex y distribuidor exclusivo de la empresa Limgroup en México, "si un agricultor sigue utilizando la misma variedad, su margen de utilidad va a bajar", en un escenario donde los costos de fertilizantes, energía y logística continúan al alza.
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Limgroup es una empresa neerlandesa y especializada en la mejora genética y la producción de semillas de solo dos cultivos: espárragos y plántulas de fresas.
"Desde 1958 desarrollamos nuevas variedades de espárragos. Actualmente tenemos 19 variedades comerciales, exportamos semillas a todo el mundo y somos líderes en Europa con el 75% del mercado. Además, todas nuestras semillas vienen en empaques propios y con eso garantizamos la calidad de nuestras semillas y nuestras variedades", comenta.
"Actualmente contamos con cuatro variedades aptas para México y otros países en Latinoamérica: Lunalim, Starlim, Vegalim, y Sunlim. Por ejemplo, la diferencia entre Lunalim y Vegalim es que Lunalim es la variedad más precoz, esto significa que no necesita tantas horas frío para entrar en cosecha. Mientras que Vegalim es una variedad más tardía, lo cual significa que necesita más horas frío para entrar a cosecha. Otra gran ventaja que tiene Vegalim es que su follaje soporta mejor a los fuertes vientos", resalta.
Las variedades híbridas se posicionan como una alternativa importante para sostener la rentabilidad. "Nuestros rendimientos son por lo menos un 50% superiores frente a las variedades que actualmente se utilizan en el mercado", afirma De Lange. Esta diferencia radica en que las plantas híbridas no producen semillas, lo que permite concentrar toda su energía en el desarrollo del turión (tallo), mejorando productividad y uniformidad.
Además del rendimiento, la eficiencia en el uso de insumos es otro factor determinante. "Mientras que los cultivos tradicionales pueden requerir hasta 160.000 plantas por hectárea, las variedades híbridas reducen esta cifra a unas 20.000, lo que impacta directamente en los costes. Es mucho más caro dar de comer a tres hijos que a uno", ejemplifica el directivo.
El cambio hacia híbridos también responde a una evolución estructural del sector. "Un agricultor que pasa de variedades tradicionales a híbridas nunca regresa", señala De Lange, comparando este proceso con la transición histórica en otros cultivos como el maíz.
En el plano comercial, México mantiene su fuerte dependencia del mercado estadounidense, principal destino de exportación, seguido por Canadá, Europa y Japón. La competitividad del país se basa principalmente en su cercanía logística con Estados Unidos. "Cuando México y Perú coinciden en mercado, México tiene ventaja por costes logísticos", explica.
Sin embargo, factores como el clima y la disponibilidad de agua siguen siendo principales dificultades. "Si no hay agua, en automático nos ponemos en problemas", advierte. En este sentido, regiones como Sonora, Guanajuato y Baja California concentran cerca del 98% de la producción nacional, gracias a condiciones que permiten un mayor control del riego.
Para los próximos años, el sector apunta hacia una mayor adopción tecnológica y genética. Para De Lange, el futuro es claro: "La gran diferencia en competitividad vendrá de la elección de variedades".
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