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La inclinación de los canadienses por las frutas y hortalizas frescas está determinada por la economía y los hábitos

Los supermercados canadienses han estado animando a los consumidores a comprar más frutas y hortalizas frescas, especialmente al compararlos con sus equivalentes estadounidenses. La tendencia es en parte un reflejo del aumento del consumo de dichos productos por parte de los compradores canadienses. Sin embargo, comprar fresco es algo que resulta más factible en un país que posee una mayor clase media que puede permitirse productos frescos a precios más elevados.

En un artículo sobre las diferencias entre los supermercados estadounidenses y los canadienses, el autor argumenta por qué este panorama bifurcado de clases en Norteamérica contribuye a un menor consumo de productos frescos en Estados Unidos. Existen claras pruebas de la diferencia entre ambas naciones. Según un informe de 2010 del Departamento de Agricultura de Canadá, el artículo menciona que los canadienses han añadido casi un 11% más de verduras a sus dietas en las últimas dos décadas. El canadiense medio también ingiere unos 36 kilogramos más de verduras que de carne al año, mientras que el estadounidense medio come unos 17 kilos más de carne que de verduras.

La economía es un factor
Las ventas de aperitivos en Norteamérica están al alza, y parte del atractivo de los dulces, patatas fritas y bebidas azucaradas es su bajo precio. Existen muchos factores que pueden explicar por qué los artículos de aperitivo poco saludables son más populares que las frutas y verduras frescas, pero la naturaleza barata de las calorías de los aperitivos es sin duda uno importante. Esta situación se cumple especialmente cuando el consumidor tiene un presupuesto limitado y, en comparación con los consumidores canadienses, parece ser que en Estados Unidos esa suele ser la norma.

Los hábitos también tienen que ver
Los hábitos alimentarios de los canadienses pueden explicar también la disparidad entre los supermercados en Canadá y los Estados Unidos. Los vendedores responden a lo que quieren los clientes, de modo que si los ciudadanos consumen más productos frescos, los supermercados les proporcionarán más opciones para adquirirlos. No es fácil discernir hasta dónde la situación económica de los compradores norteamericanos influye en sus hábitos, pero está claro que esos hábitos, al compararlos con los hábitos de compra en Canadá, se inclinan menos hacia las frutas y verduras frescas.

A menudo los supermercados exponen productos poco saludables, como chocolatinas, junto a la caja porque la gente los compra. Si las frutas y verduras se compraran de forma impulsiva, sería probable que ocuparan parte de ese espacio. Como el artículo original señalaba, "si la gente empieza a solicitar matojos de col rizada, tal vez la veamos algún día en las cajas de los supermercados".

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