La citricultura española pierde terreno frente a la competencia extranjera

Lo que está ocurriendo en la actual campaña citrícola española no se había producido nunca con tal grado de calamidad y tantos indicios preocupantes. Acostumbrados a crecer casi de continuo en cifras exportadoras, salvo en los años con menor producción, lógicamente, esta vez nos encontramos con una cosecha al alza y, sin embargo, unas ventas que menguan respecto a la temporada pasada, cuando teníamos menos producción y consiguientemente menor prisa por vender.

Las cifras lo demuestran. Sabemos desde el principio que tenemos una producción superior, seguramente mayor de lo que se vaticinó, aunque nunca podrá saberse con certidumbre, dadas las grandes pérdidas de fruta que se queda en los campos y que por tanto no se contabilizará. Es posible incluso que estemos en una temporada de récord o acercándose a ello. Por contra, vamos muy por detrás en las ventas. Se nota en el campo, lo sufren los agricultores que no pueden vender ni a precios regalados, y lo demuestran los datos oficiales recogidos por el Comité de Gestión de Cítricos y que mostramos en las tablas adjuntas.

Las cifras de exportación a países terceros son las únicas disponibles hasta la fecha reciente del pasado 30 de diciembre, porque en estos casos existe comunicación obligada e inmediata. En cambio, las exportaciones que se destinan a los demás países de la UE, que absorben la mayor parte (el 90-92% del total) se contabilizan con dos meses de retraso, porque ha de mediar la recogida pormenorizada de los datos enviados por los distintos operadores comerciales.

En uno y otro caso, los datos son bien ilustrativos. Al finalizar el año 2018, las cifras de exportación a países terceros desde septiembre anterior nos indican que estos destinos han absorbido 6.245 toneladas menos que en igual fecha del periodo anterior. Por lo que respecta a las exportaciones a todos los países, a 31 de octubre habían salido 273.602 toneladas, frente a 350.586 de un año antes, lo que significa una merma de 76.984 toneladas.

Si en una temporada con un crecimiento respecto a la cosecha anterior del 22%, o quizá más en la realidad, se registran bajadas tan notables de ventas, el resultado comercial no puede ser más que negativo, como se está sufriendo en el campo, donde todo el mundo se pregunta (casi a oscuras) qué está pasando, para conformarse a continuación con echar las culpas a lo que se pilla más mano o resulta más mediático, como es el caso de las importaciones de Sudáfrica o que la fruta venía madurando con retraso.

Sin embargo, con ser importante el impacto de las llegadas de naranjas y mandarinas sudafricanas a Europa (que irán a más), no es la única causa del problema. Lo de Sudáfrica influyó muy negativamente, sin duda, al principio, y además con efecto dominó (lo que va sobrando de unas variedades empuja y molesta a las siguientes y así sucesivamente), pero no explica, por ejemplo, esa caída de la exportación en tantos países terceros, o que se mantenga hoy mismo la misma atonía del mercado, cuando se debería haber cogido fuerte velocidad de crucero. Sin embargo, a falta de cifras oficiales, que tardarán en estar disponibles, en la actualidad todos los exportadores y comercializadores se quejan de la falta de demanda y apuntan no solo a la creciente competencia por todos lados, sino también a una preocupante caída del consumo.

Pero además cabe señalar otras pérdidas notables que sin duda habría que analizar con urgencia y rigor y que posiblemente se deban a problemas de falta de organización o agresividad comercial. Por ejemplo, la evolución negativa de las exportaciones a EE. UU. es dramática. De más de 80.000 toneladas anuales de clementinas que le vendíamos se ha bajado a menos de la cuarta parte, y a 30 de diciembre, con solo 8.725 toneladas, ha caído casi a la mitad sobre el año anterior. Por una parte se debe a que California ha ido aumentando su producción de clementinas que extiende por todo el país, pero tampoco es eso solamente: Marruecos nos está desplazando en la costa Este.

La evidencia muestra que la citricultura española está perdiendo terreno a pasos agigantados frente a la creciente competencia que llega por todas partes; las clementinas precoces tienen un negro futuro, al verse desplazadas por variedades del hemisferio sur que llegan a Europa en plenitud de madurez, y, al mismo tiempo, todas las expectativas que se crearon en los últimos años con los anuncios oficiales de abrir nuevos mercados y aprovechar las oportunidades en países emergentes, siguen siendo eso mismo: solo expectativas sin cumplirse, incluidos China y Japón. Y entre tanto, nadie parece reaccionar en serio, todo parece aparcado en comisiones mixtas y comités de estudio.

Fuente: lasprovincias.es


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