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FPC Future

¿Cuándo veremos flotas de robots trabajando en los campos?

La mano de obra, o la falta de ella, es un tema candente en el sector, y esto, entre otras cosas, está impulsando la automatización en las plantaciones, invernaderos y huertos, así como en los almacenes y hasta los consumidores finales. La situación nos hace plantearnos hasta qué punto los robots pueden ocupar nuestros puestos de trabajo.

En el evento FPC Future de la semana pasada, hubo seminarios centrados en todos los aspectos de la tecnología del futuro, uno de los cuales se enfocó en la robótica y la automatización antes de la llegada de los agricultores.

John Giles, de Promar, presidió la sesión. Empezó diciendo que es necesario mejorar la productividad del sector, que la agrotecnología no puede responder a todos los retos a los que nos enfrentamos, pero que oiremos hablar mucho más de ella en el futuro.


Richard Harnden (derecha) con John Giles (izquierda) 

Richard Harnden, de Berry Gardens, explicó cómo, hace siete años, decidieron adoptar la automatización en la empresa, ya que veían que la mano de obra era y sería cada vez más un problema. Berry Gardens colaboró estrechamente con la Universidad de Lincoln y se embarcó en una gira mundial para investigar la automatización, centrándose en la innovación en el sector de los frutos rojos.

Berry Gardens colaboró con Sago Robotics en el desarrollo de proyectos sobre la cosecha de frutas y la predicción de la cosecha de fresas. Según Richard, los cosechadores dedican entre un 10 y un 20% de su tiempo a caminar con cajas desde las zonas de cosecha hasta los puntos de recogida, lo que supone un coste de 140.600 euros en mano de obra al año.

Imagen de la presentación de Richard

Aunque el robot autónomo Thorvald aún no está en condiciones de cosechar la fruta, Berry Gardens cuenta con robots en dos de sus explotaciones de Kent, donde trabajan durante la noche aplicando el tratamiento UV-C a 14 hectáreas de fruta. También se utilizan para la detección precoz de enfermedades y la distribución del biocontrol, que puede costar entre 41.000 y 58.600 euros en mano de obra al año. El robot también puede llevar a cabo tareas como la eliminación de estolones y el control de la hierba, así como la predicción de la cosecha.

La gran victoria, según Richard, será cuando el robot pueda cosechar la fruta; confía en que esto sea posible en los próximos años.


Pål Johan From

Pål Johan From, de Saga Robotics, es quien durante los últimos cinco años ha desarrollado Thorvald, un robot que puede operar en un entorno agrícola con la robustez y fiabilidad necesarias para su funcionamiento comercial. El equipo está trabajando en una amplia gama de herramientas para Thorvald, pero actualmente se centra en el desarrollo de un tratamiento UV contra el moho en las fresas y las uvas. El robot funciona actualmente en explotaciones agrícolas comerciales de Noruega, Reino Unido, Italia y Estados Unidos, proporcionando protección contra el oídio, lo que permite a los agricultores producir fresas sin necesidad de utilizar productos químicos y fungicidas.

Robot autónomo Thorvald expuesto en el evento

Pål John señaló que, en la industria alimentaria, las personas se enfrentan a tareas repetitivas que pueden ser realizadas por robots. En el productor de fruta Clockhouse, en el Reino Unido, hay 10 robots que trabajan durante la noche administrando un tratamiento UV contra el oídio. Actualmente cubren 10 hectáreas, pero el año que viene aumentarán a 30. Es la primera vez que se hace a escala industrial. La distancia recorrida por los robots es de 8.000 km, lo que equivale a la distancia entre el Reino Unido y Nueva York. A medida que los robots trabajan, se recopilan datos para desarrollar una IA que los haga más seguros.

Pål Johan está convencido de que en el futuro veremos flotas de robots trabajando en los campos y que desempeñarán un papel importante en la agricultura.


Johnathon Featherstone

Johnathon Featherstone, de Featherstone Machinery, comenzó advirtiendo que, si no se toman medidas, la producción del Reino Unido se detendrá. Los productores de hortalizas se enfrentan a una menor disponibilidad y a un aumento de los costes de la mano de obra, por lo que están adoptando la robótica, pero el cambio es difícil.

La cosecha de algunas hortalizas por medios mecánicos (las crucíferas, por ejemplo) puede ser un reto, y la maquinaria es cara; necesitan tener un buen rendimiento para ser comercialmente viables. "Tiene que haber más fuentes de financiación e incentivos financieros para ayudar a los productores", concluyó. Puso a la COVID como ejemplo de que no podemos depender de los productos importados. Johnathon también dijo que hay que cambiar la mentalidad del consumidor, que espera un determinado tamaño o forma de las hortalizas, lo que hace más difícil la cosecha robotizada.

Hacen falta más empresas dispuestas a ofrecer y adaptar las máquinas a los distintos productos. Pidió la colaboración de las empresas de semillas, los productores y los fabricantes para producir nuevas variedades más adecuadas para la cosecha mecánica.


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