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Especial Moldavia: Cees van Doorn, de VDU Uitzendbureau

"Quien en Europa occidental piense que podrá seguir contando con los trabajadores de Europa del Este se llevará una decepción"

Pese a su buena calidad, pocos supermercados de los Países Bajos ofrecen frutas y hortalizas moldavas. Aun así, las empresas hortofrutícolas holandesas reconocen lo motivados, trabajadores y buenos que son los empleados inmigrantes de ese país del sureste de Europa.

Cada año, Cees van Doorn, fundador de VDU Uitzendbureau,  se ocupa de buscar puestos de trabajo en empresas holandesas de cultivo y envasado para más de 1.200 personas, incluidos cerca de 400 moldavos. Cees acompañó a Pieter Boekhout y a Piet Schotel, representante del CBI, en su visita a las empresas de fruta de Moldavia a principios de septiembre.

En este artículo, Cees comparte su visión sobre las fortalezas, las debilidades, las oportunidades y los retos del sector frutícola de ese país. Y no mira solo a través de la lente de un gerente de una agencia de contratación, somos también de la de un antiguo productor de fruta. Un doble experto, por tanto. Pero antes de conocer las impresiones de Cees sobre el viaje, abordaremos alguna información sobre su empresa y los trabajadores inmigrantes en el sector hortofrutícola holandés.

Primero los polacos, ahora los moldavos
"Tenemos raíces en el sector frutícola y, a partir de ahí, en el año 2000, creamos una agencia de empleo especializada en la cadena hortofrutícola", empieza relatando Cees. "Tenemos centenares de trabajadores ocasionales y conocemos el sector como nadie. Empezamos con trabajadores polacos de Silenia, que podían obtener pasaportes alemanes desde los años 90".

"Antiguamente, esa región pertenecía al territorio alemán. Los pasaportes son caros y, con frecuencia, tardan hasta seis meses en expedirse. Aquella era una señal clara de que los polacos que venían a Europa occidental estaban motivados y decididos: querían trabajar para enviar dinero a casa. Por lo tanto, los trabajadores inmigrantes, por lo general, son unos empleados muy apreciados por las empresas hortofrutícolas".

Hace cinco años, Van Doorn visitó Moldavia por primera vez para ver qué podía ofrecer a los ciudadanos de ese país pobre de Europa en cuanto a trabajo en los Países Bajos. Al igual que los polacos hace unos 25 años, los moldavos pueden solicitar un pasaporte europeo a través de su gran vecino Rumanía. Eso les abre las puertas a la contratación en la UE.

"Hay una pequeña diferencia entre los moldavos que vienen a trabajar a los Países Bajos ahora y los polacos de aquel entonces, y es que están altamente motivados y se occidentalizan enseguida. Lo que resulta sorprendente es que los moldavos tienen mucha afinidad con el sector agrícola. Y no es de extrañar una vez descubres que una cuarta parte del PIB del país lo genera el sector primario y que prácticamente todos los moldavos tienen un huerto. Allí la gente todavía cultiva gran parte de sus alimentos. Esos conocimientos arraigados son muy beneficiosos para las empresas de frutas y hortalizas holandesas. Los moldavos no solo están motivados, sino que también tienen conocimientos específicos", explica Cees.

Sorpresa agradable
Desde entonces, Cees ha estado en Moldavia –la sexta mayor región agrícola de la antigua URSS– varias veces. Pero este viaje con Pieter y Piet le impresionó, según dice. "Es impresionante ver cómo el sector frutícola moldavo ha logrado pasar de un modelo de producción con variedades antiguas y métodos de cultivo tradicionales a una industria moderna con empresas avanzadas, dirigidas por gerentes con una amplia experiencia. Y todo eso, en apenas 15 años. Tienen grandes huertos con árboles en hileras, en ocasiones de más de un kilómetro de largo".

"Resulta evidente que Moldavia podría convertirse en un gran exportador. Lo que resulta extraordinario es que el método de cultivo y poda del país (árboles altos y delgados, a veces de hasta tres metros de alto) es extremadamente apto para los robots recolectores. Sus huertos son, literalmente, paredes de fruta. Su cosecha uniforme y de alta calidad coloca a este país directamente entre los principales productores europeos de fruta. Lo tienen todo muy controlado, pero carecen de espíritu comercial. Aunque es algo que se suele ver entre los productores, incluidos los de los Países Bajos", continúa Cees.


Cees inspeccionando ciruelas moldavas

Dice que el suelo y el clima de Moldavia son excelentes para el cultivo de manzanas, uvas y fruta de hueso. "Apenas cultivan peras; el clima holandés es mejor para eso. Yo sospecho que la temperatura del clima continental también hace que muchos aspectos, como la protección de los cultivos, sean mucho más sencillos que en el noroeste de Europa. Por ejemplo, casi no he visto casos de chancro de los frutales".

La carta ganadora: el sabor
"Y después está el sabor de los productos. La fruta y el vino moldavos –no lo olvidemos– son deliciosos. Los productores están convencidos de que cultivan la fruta más sabrosa de Europa. Y puede que tengan razón. Pueden competir al más alto nivel con otros países, de eso no cabe duda. Por eso es tan desafortunado que Moldavia tenga una imagen tan negativa. Muchos de nosotros imaginamos un antiguo Estado soviético sombrío, pobre y sin color en el que el tiempo se ha detenido. Y así, en nuestras mentes, también los productos que comercializan son insípidos e incoloros. Nada más lejos de la realidad. No obstante, Moldavia tendrá que hacer un esfuerzo para librarse de esa imagen. No creo que lo comprendan todavía", explica Cees.

Necesidad urgente de eficiencia, infraestructura y renovación varietal
La renovación varietal también es algo en lo que algunas empresas todavía tienen que trabajar. "Porque solo con el sabor no basta. También se necesitan variedades que satisfagan las diferentes demandas del mercado. La mayoría de los productores son muy conscientes de esto y ya están dedicando grandes esfuerzos a la renovación varietal. A los consumidores de Europa occidental no les gusta la fruta que era bien recibida en Rusia. En ese sentido, el sabor no es el único factor determinante, también lo es el color, en especial en las manzanas".

Sin embargo, un gran obstáculo para hacer negocios con éxito en Moldavia es la falta de infraestructuras. Algunas instalaciones de envasado y cámaras frigoríficas están situadas lejos de los huertos, por lo que es fundamental contar con una buena infraestructura de carreteras. "Ese es el gran problema de Moldavia: no tienen una red de carreteras muy extensa, y la mayoría está en condiciones cuestionables. A veces se tarda una hora en recorrer 10 km en línea recta", según Cees.

La eficiencia en el cultivo y el envasado es otra de las cosas que todavía tienen mucho camino por delante, añade. "El ritmo de trabajo es mucho más lento que en los Países Bajos, y creo que la gestión del personal podría mejorar. En ocasiones, parece que los gerentes tuvieran miedo de dirigirse al personal por miedo de perderlo. Con el aumento de los salarios, no cabe duda de que trabajar de una forma más eficiente se convertirá en una prioridad".

El plástico blanco consigue una mayor reflexión de la luz en el huerto y una mejor coloración de la fruta.

Aumento de los salarios
Y Cees está convencido de que los salarios van a subir de manera pronunciada. Ha notado que, en los últimos años, la escasez de mano de obra en Moldavia ha crecido rápidamente, en particular en la agricultura y la horticultura. "Allí, el desempleo prácticamente ha desaparecido en pocos años. Hoy por hoy, los buenos conductores de tractor pueden ganar ya en torno a 1.000 €. Con la creciente demanda de trabajadores nacionales, también esos salarios subirán. En Polonia, el proceso de equiparación de salarios a los estándares de Europa occidental duró 20 años; en Moldavia, creo que ocurrirá en unos pocos años", reconoce.

Y entonces, como en su propio país no tendrán costes añadidos de viaje o alojamiento, los moldavos, como es natural, irán perdiendo el interés en irse a trabajar a Europa occidental. "Así pues, sospecho que Europa occidental solo podrá contar con los trabajadores moldavos un breve tiempo, aunque podría emplear agradecidamente a trabajadores polacos durante varias décadas".

"Quien crea que podrá contar con los trabajadores de otros países de Europa del Este otras tantas décadas más se llevará una decepción también, me temo. Por lo tanto, la robotización ya no será un lujo, sino una necesidad imperiosa en toda Europa. Como agencia de empleo, también nosotros tendremos que adaptar nuestra estrategia. Hasta las empresas moldavas de cultivo y de envasado están ya sopesando cautelosamente la posibilidad de recurrir a trabajadores inmigrantes de, digamos, Kazajistán, Azerbaiyán o Albania", concluye Cees.

Cees está impresionado por la calidad y el sabor de la fruta moldava

Para más información:
C.J. (Cees) van Doorn
VDU Uitzendbureau
Achterweg 38
4181AE Waardenburg
Tel.: +31 6 53 38 35 21
vandoorn@ceesvandoorn.nl 
www.vdu.nl 


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