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El sector calcula que la producción española de aguacates podría caer este año a la mitad por la sequía y el calor

Sacrificar árboles de aguacate para salvar la cosecha en la Axarquía

La falta de lluvia y la escasez de recursos hídricos por la sequía este año en Andalucía están asfixiando a los aguacates en la que es la principal región productora en Europa, la Axarquía.

No hay agua siquiera para mantener con vida a todos los árboles cultivados en la comarca. Por eso, algunos agricultores han tomado la decisión de talar ejemplares. En la Axarquía, el principal suministrador de riego, el pantano de la Viñuela –del que también depende el consumo humano– acumula apenas 20,73 hectómetros cúbicos de los 165 que puede albergar; es decir, está al 12,6% de su capacidad.

Según los especialistas, el aguacate requiere unos 7.000 metros cúbicos por hectárea y año (5.500 en el caso del mango) para ofrecer las condiciones óptimas. Esta cifra es casi cinco veces mayor que el límite de 1.500 metros cúbicos que tienen ahora los agricultores a raíz de los planes de ahorro de agua impulsados en los últimos meses por la Junta de Andalucía. Como consecuencia, numerosos terrenos carecen de agua suficiente, lo que hará caer la producción. También influirá en la disminución del calibre de la fruta. Siempre que lleguen a buen puerto, porque muchos –tanto aguacates como mangos– están cayendo al suelo antes de madurar.

Así las cosas, los camiones con grandes cubas de agua para regar estas tierras ya no son una rareza por los caminos de la intrincada geografía de la Axarquía. No hay muchas alternativas más, ya que numerosos pozos de los que se utilizaban están secos, ya que los acuíferos también están bajo mínimos, o con altas concentraciones de sal.

Las balsas que hay tampoco sirven de mucho, como ha ocurrido a Domingo Medina, presidente en funciones de la Asociación Española de Tropicales, que en primavera vio cómo la balsa que tiene en una de sus plantaciones no consiguió llenarse con la lluvia. Medina decidió entonces arrancar un millar de árboles y hacer una gran poda a otros 200, que ya están rebrotando. De esta manera ha conseguido salvar a otros 6.000, que sí podrán recibir algo de agua. “Es preferible sacrificar una parte para regar la otra y que sobreviva”, relata el agricultor.

“Es nuestra forma de vivir y nos estamos muriendo. Esto está cayendo como un castillo de naipes: vamos uno tras otro los agricultores”, contaba otro campesino, Francisco Ruiz, hace unos días en Andalucía Directo mientras paseaba por una de sus fincas, en la que ha arrancado unos 600 ejemplares y que se pasará al cultivo de mango. Como ellos hay “unos cuantos agricultores más”, según Medina.

Por todo ello, el sector calcula que la producción de la próxima temporada caerá a las 20.000 toneladas, la mitad de la anterior.

 

Fuente: elpais.com


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